Sigo por necesidad

I’M HERE | Capítulo 3

Inspirándome en Serrat diría algo así como que hace casi 20 años que habían pasado 20 años desde que tenía 20 años y, a pesar de las secuelas de dolorosos tropiezos físicos y el empeño de los médicos por enviarme al desguace, todavía mantengo las ganas de qué sé yo que yo qué sé que ni les cuento.

Bueno, es un decir; porque si escribo esto es para contar algo así que ahora vuelvo atrás y lo corrijo por algo más apropiado. Mejor dicho, luego vuelvo atrás y lo corrijo porque en este momento si lo escribí así es porque no se me ocurre otra cosa más apropiada. Si al final ven que sigo sin corregirlo, es que no encontré nada mejor que decir o simplemente olvidé mis intenciones de hacerlo.

Ha pasado mucho tiempo desde que terminé el capítulo anterior. Me pulí los adelantos de mi editor y está que no puedo pedirle más sin publicar uno nuevo así que hice a un lado los cacharros que abarrotaban la mesa, soplé el polvo del teclado (en realidad lo escupí así que ahora lo tengo todo embarrado), eché al gato de la silla y me senté encima de los pelos que dejó el muy marrano; entrelacé los dedos de las manos y les hice crujir las articulaciones preparándolos para el ejercicio, repasé por donde lo había dejado (joder, recién voy por ahí!), escribí el título del capítulo y antes de entrar de lleno con su contenido, me fui a estirar un poco las piernas.

Cuando volví no lo veía claro, notaba algo extraño, como si el maldito sistema operativo se hubiese cambiado la resolución de la pantalla él solo; cosas más raras hace este Ventanas (que me perdone el Sr. Gates pero no sé inglés) hasta que me dí cuenta que me había dejado las gafas en alguna parte del recorrido que había hecho para desentumecerme de la ardua tarea de escribir la primer línea de este sehahechoesperar capítulo.

Cuando finalmente las encontré maldije mi suerte, porque con tanta interrupción no hay quien consiga concentrarse y así es casi imposible narrar algo congruente. Pero necesito dinero (mis maldiciones aumentaron) y la única opción que me queda es escribir algo, lo que sea, a ver si pillo a mi editor desquiciado y piensa que lo que le presente no tiene ningún sentido debido a su cansancio y no porque realmente no tenga ninguno.

Bueno, mediodespejé el sitio de trabajo (últimamente suena muy extraño pero está en el diccionario, está), y conseguí escribir unas cuantas líneas (tengan sentido o no) después de haberme hecho crujir las articulaciones de los dedos y haber perdido un montón de tiempo más analizando esa acción.

Resulta que las articulaciones de los dedos están rodeadas de una cápsula sinovial. Dentro de esta cápsula hay un líquido con cierta cantidad de gases (CO2, N2 y O2) cuya principal función es la de lubricar las articulaciones y permite moverlas sin problemas. Si no tuviéramos este líquido, el roce entre los huesos terminaría desgastándolos al poco tiempo y tendríamos que escribir con los codos (si hay quienes hablan hasta por ellos, también se podrán usar para escribir supongo).

Al estirar o retorcer los dedos, lo que ocurre es que el espacio entre los huesos de una misma articulación aumenta y por tanto, también aumenta el volumen de la cápsula sinovial. Esta contiene en su interior el líquido sinovial (de ahí su nombre) y gases disueltos. Al aumentar el volumen de la cápsula, se crea una zona de baja presión que provoca que los gases salgan del líquido sinovial en forma de burbujas. A este proceso se le llama Cavitación.

Y a qué viene esta clase de anatomía se podrán preguntar. Fácil. Hacernos crujir las articulaciones de los dedos es algo similar a lo que ocurre al destapar una botella de Coca Cola. Cuando la abrimos, la presión dentro de la botella disminuye y los gases disueltos dentro de la bebida salen de ella. Cuando las articulaciones vuelven a su posición inicial, estas burbujas estallan y son las que producen ese sonido de crujido tan característico. En realidad, el sonido no se debe a la cápsula sinovial, sino a subluxaciones (dislocaciones parciales de la articulación). Dicen.

Una vez que las burbujas han estallado, no se puede volver a hacer crujir los nudillos hasta que pase un intervalo de tiempo entre 15 y 30 minutos. Este es el tiempo necesario para que los gases vuelven a disolverse completamente en el líquido sinovial. Intentarlo antes del tiempo necesario lo único que puede lograr es un sonido mucho más débil o directamente ninguno. Aquí la botella de Coca Cola (publicidad gratuita lo sé) ya no sirve de comparación porque una vez abierta el gas se va a la mierda y la bebida sabe casi a lo mismo…(si me pagaran algo no me sabría tan mal).

Pues eso; como no puedo hacer crujir los dedos hasta dentro de un buen rato y después de tanto tiempo de no escribir ya empiezo a sentir calambres y todo, tendré que descansar otro poco. El gato se está frotando contra mis piernas para que le deje la silla libre, así que pasaré al capítulo siguiente pero antes, voy a ver si mi editor recompensa mi esfuerzo y me da otro adelanto.

Al menos para comprar Coca Cola porque con el experimento, eché a perder la última botella que tenía.

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