Indiana Jones y sus últimas cruzadas en busca de los Windows malditos

En mis tiempos de instituto no enseñaban informática. De hecho, apenas alucinábamos con el HAL9000 y su odisea espacial.

Cuando me enfrenté a mi primer computadora (la traducción ordenador nunca me resultó apropiada), todo un IBM con un fantástico disco duro de 80 megas, sus 2 megas de RAM y un procesador que superaba al de mi cerebro sí, pero también lo hacía una añorada Pastor Alemán que tuvimos, me quedaba embobado (bueno, era cuando más se me notaba) con el ICQ y el mIRC; chateando con aquellos impresionantes 1440 kbps…

En la tienda donde intenté adquirir los conocimientos necesarios para decidir qué aparato comprar, vendían IBM y Apple. El asesor me aconsejaba el de la manzana mordida pero, entre que costaba mucho más caro, que tenía a “la jefa” harta con los Beatles y que oyó la definición informática por autonomasía: “lo último hoy mañana queda obsoleto”, dijo: “nos quedamos con este”, y sanjó drásticamente mis interminables dudas.

Así descubrí las malditas ventanas de su sistema operativo, que se abrían lentamente para dejarnos ver al viejo MSDOS. Todo aquel software venía en 12 disketes de 1.44MB, que aún conservo inutilmente…

Desde entonces he sufrido todas y cada una de las versiones de este sistema operativo, el Windows dichoso. He pasado más tiempo formateando, reinstalando y reiniciando que un SAT cualquiera. Después que el primero pasó a ser chapa de reciclaje, llevo más horas con la cabeza metido dentro de cuanto PCs he tenido que sentado frente a sus pantallas. Y por mucho y mucho que practiqué, aún hoy me dejan colgado.

Tengo más libros de informática que la libería del pueblo y más cables y conectores que un técnico al que le llevé un HDD que no conseguía reanimar. Fue como ir a urgencias llevando los medicamentos, y volver a casa con el mismo dolor.

Y aquí estoy, colgado por una especie de empatía softwarehardware que me hizo empezar esta entrada para describir mi última aventura con las ventanas y me pasó como a Tolkien que empezó a escribir El Señor de los Anillos como cuento para sus hijos y se le fue de las manos.

Menuda comparación disparatada y absurda. Ya me gustaría ser capaz de crear algo parecido; podría ser El Señor de las Ventanas o mejor The Lord of the Windows, así Bill Gates podría leerlo y acompañarme en mi sufrimiento.

Igual me enviaba una copia del Windows 8 para demostrarme que este sí funciona. Por disparatado y absurdo que no quede, porque este tipo debe ser como su sistema operativo, que la mayoría de las veces no responde

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