Cuentos humanamente correctos

A la nieta le bailan los ojos cuando la abuela le cuenta su versión de Juan y el lobo, Caperucita Roja, Hansel y Gretel

Ante la inocencia (bendita) de la pequeña, la cordura de la abuela le dio a los cuentos un sentido más “humanamente correcto”, tanto más que políticamente correctos porque en realidad, estos cuentos que de generación en generación nos han ido pasando, serán fábulas, pero su crudeza no es muy para niños que digamos.

Veamos: la política la hacen los políticos que, según se define, se dedican a realizar actividades políticas; es decir, todo lo que representa la adquisición, el mantenimiento y la gestión del poder en instituciones o ámbitos públicos.

Lo primero lo hacen todos, lo segundo debe ser un error tipográfico porque lo que sí hacen muy bien es el desmantelamiento; sobre lo tercero no hay dudas que el poder lo consiguen, pero de cara al público no lo gestionan correctamente.

Correcto significa aquello Que no tiene faltas, errores o defectos. Que es acertado o adecuado. Que está conforme con las normas sociales. Que es alguien Educado, de conducta irreprochable…

Ahora conjuguemos. Si a la leche le ponemos café, obtenemos café con leche; si al güisqui le agregamos CocaCola, tenemos un cubata, pero si al agua le intentamos mezclar aceite, comprobaremos que no liga. Lo mismo que intentar casar política con corrección: un despropósito, hace daño a la vista y al resto de los sentidos.

De ahí que los cuentos que esta abuela versiona, se definan como humanamente, porque tiene que ver con que los humanos aún pueden ser correctos pero la política siempre ha sido y ¿será? incorrecta.

Así, el Juan de sus cuentos también cuida ovejas y asusta a la gente mintiendo que viene el lobo; pero, cuando al final dejan de hacerle caso y lo van a buscar horas después extrañados por su ausencia, lo encuentran trepado a un árbol con el lobo intentando morderle el culo, mientras las ovejas pastan inmutables…

El lobo de Caperucita encierra a la abuelita en el armario para engañarla haciéndose pasar por ella, y poder comerle la comida que llevaba en el cesto; pero es la pequeña que con unos amiguitos irrumpe en el cuento para alertar a Caperucita, espantar al lobo, encontrar a la abuelita en el armario y terminar comiendo todos juntos mientras el desconcertado lobo regresa al bosque…

Los hermanos Hansel y Gretel se perdieron en el bosque por no hacer caso a sus padres de que no se alejaran de ellos. Estos los buscaron por todos lados muy aflijidos y preocupados, hasta que los niños aparecieron solos. En realidad, habían salido a probar lo que antes les habían enseñado: marcar un camino desconocido con migas de pan que les ayude a regresar al punto de partida…

Algunas compañeras de trabajo opinan que los cuentos son como nos lo han contado y no está bien cambiarlos, pero la abuela responde “Así salimos…” y por otra parte ¿Cuánto nos ha servido?

Analicemos: ¿De qué porcentaje de mentirosos, inconsientes e irresponsables nos libró la versión del lobo que se come a las ovejas?

¿Cuántas más (o menos) desaparecidas, violadas y maltratadas hubiesen habido si el cuento de Caperucita no fuese tan sangriento y violento?

El mensaje del cuento de hadas de Hansel y Gretel ¿es para que los niños sepan qué buenos son sus padres que no les hacen lo mismo o que se hagan a la idea de lo que les puede pasar si no traen pronto fortuna a sus hogares? ¡¿Enseñar a los niños a quemar a una bruja (“aunque lo merezca”) en el horno?! ¡¿Robarle las joyas para volver a casa y encontrarse con que su madre ha muerto?!…

Luego nos veían leyendo a El Señor de los Anillos y nos preguntaban ¿qué clase de fantasía es esa?

La abuela cada día chochea más con su nieta y más se convence que sus versiones son las “humanamente correctas” para transmitirle. Sus palabras no necesitan entrar con sangre.

La pequeña tiene muy bien asimilado que no hay que asustar a los mayores con inventos porque le puede pasar como a Juan, que se pasó horas y más horas subido a un árbol, con mucha hambre, ganas de dormir y sin poder hacer pipi…

Sabe que no puede irse sola por ahí porque en cualquier momento puede aparecer algún lobo de verdad y la asuste, y mucho menos alejarse de sus papás porque se puede perder y se pondrán muy tristes.

Eso sí, en cuanto está comiendo pan y parece que intenta desmenuzarlo, no le quita ojo de encima…

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