Una gestión de crisis que es otro modo de genocidio

El último gobierno socialista nos mandó a los campos de concentración y el actual, está acabando con nosotros.Los anteriores se vieron arrastrados por la guerra mundial en la que se vieron inmersos. Con sus mandos descuidados (“a nosotros no nos atacarán” decían) y sin capacidad para la estrategia, nos pasó como en Pearl Harbor.

El pueblo echó fuera a tan inoperante ejército y confió que el escuadrón de las PP (si se miran las siglas de lado se vé cómo nos sacan la lengua 2 veces…) y este en vez de salvarnos y protegernos de los ataques, está cometiendo un genocidio en toda regla.

Las milicias del pueblo son del todo incapaces con su balas de fogueo. Sus llamamientos a la rebelión son recursos desesperados y del todo ineficaces. Timoratos intentos de “vamos a probar a ver qué pasa”.

Los funcionarios siempre tranquilos con su estatus, nunca se preocuparon desde sus fortalezas (las llamadas casas de todos) lo que les pasara a los de el otro lado de sus murallas. Cuando presintieron alguna tormenta en su nube buscaron apoyos en aquellos, y solo les llegó indiferencia. Así, al llamamiento a combatir de la población respondieron que la cosa no iba con ellos, porque en su momento tampoco les respaldaron. Ahora empiezan a enterarse lo qué es pisar cemento…

La resistencia se desmorona. Harta e impotente al verse tan rodeada, su tibias escaramuzas por un “no pasarán”, solo sirve para confirmar que aquí, como el pueblo no está unido, sí será vencido

A los que todavía no han enviado a los campos de intrabajos forzados, sin cambiarles condiciones les recortan los salarios; de forma ordinaria les suprimen las pagas extraordinarias, les entregan el rancho cada vez más tarde (y “los estómagos cada vez incrementán más las úlceras” pero eso no cuenta), les reducen la jornada para llevar su racionamiento al mímimo y conseguir en muchos casos que acudan por voluntad propia a los campos esos, y nos les tiembla el pulso defraudando al facilitarles salvaconductos para que puedan entrar…

Una vez allí, nos dejan comer de todo pero esconden la comida. Podemos dormir bajo nuestro propio techo pero cada día nos quitan más tejas. La libertad es total para ir donde queramos pero nos embargan los zapatos. Tenemos la sangre en el ojo, pero mientras no llegue al río…

Eso si antes no nos estalla el cerebro, porque nos desconciertan con información confusa: 3 informativos diarios con noticias desalentadoras que nos preparan para la hecatombe, y entre cuatro o cinco pelis de actualidad y diez programas tan calamitosos como nuestro estado, mil anuncios de perfumes…

Es evidente que la situación huele que apesta, pero si hasta los reservistas tienen que pagar por las recetas médicas ¿Cómo esperan que podamos perfumarnos?

Ni poco a poco ni muy deprisa, pero nos están exterminando inexorablemente. Y son los soldados los que desaparecen. Los altos mandos quedarán solos; con todo lo que nos quitan…

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