La buenas personas también se mueren, pero permanecen vivas en el recuerdo

Ante la muerte de alguien, pocas se veces se oirá decir que no era buena persona y sí repetirse los tópicos como “no merecía morir, era muy noble, es una sorpresa inesperada, le caía muy bien a todos, nadie puede dudar de su enterza, hay poca gente así..”

Pero pocas veces estos tópicos se ajustan tanto ante la noticia, como se da ahora con el fallecimiento de Manolo Preciado. No puedo decir que le siguiese especialmente, ni que le conociese más allá de lo poco que leía o escuchaba de lo mucho que de él se trataba, pero tengo suficiente para apreciar los valores fundamentales de su persona: integridad, sinceridad, cordialidad, entereza…

Enfrentándose permanentemente a las vicisitudes de su profesión, tan volátiles y pesadas, intentando sobrevivir a dramas familiares que se me antojan sumamente difíciles de superar, hasta cuando le podía el mal genio resultaba respetuoso.

No creo en la otra vida, en el más allá ni que ahí arriba alla algo más que estrellas (al menos en nuestra galaxia), pero hay gente que lo merecería. Reencontrarse con los suyos, recuperar las cosas buenas que en su vida fuesen perdiendo y dejar por aquí las desgracias que no merecen.

Al nivel que sea su traslado, gente como Manolo Preciado seguirá formando parte de éste, y su recuerdo seguirá latente, mientras nuestros corazones no fallen como el suyo.

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